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Tu Ausencia

Abuela siempre aprendí mucho de ti y lo sigo haciendo. ¿Cómo pudiste vivir ochenta y siete años con tantas ganas y vitalidad? ¿Cómo es que amabas tanto esta vida? ¿De dónde sacabas tantas fuerzas? Siempre un paso adelante, políticamente astuta, posicionando a tiempo tus discursos y tus intenciones. Aprovechando tu condición senil para ser una total sinvergüenza y pasar por imprudente o ingenua.

Abuela misteriosa, qué tantas memorias te llevaste contigo. Nos conocías más de lo que nosotros creíamos; nosotros no tanto a ti. Manejabas los escenarios a tu favor, tanto así que fuiste capaz de quemar a tanta gente con un aguacero. Hacías lo que querías y nadie te lo negaba ni te lo impedía. Abuela ojalá que yo pueda hacer lo que quiera en el camino que me espera.

Abuela no eras un pilar, eras la casa. Al principio no te gustaba que te dijera Abuela, pero no podía verte en diminutivo, eras sólida, concisa, concreta, después comprendiste que no sólo se traba de molestarte sino que de esa forma expresaba mi cariño y mi respeto. Digo que eras la casa porque todos cabíamos en ti, si alguien tenía que llorar, si alguien tenía hambre, si alguien estaba enojado, si alguien estaba solo o simplemente si alguien no tenía qué hacer se detenía en tu cocina, en ti.

Abuela pródiga multiplicadora del pan y los peces y la cecina y las milanesas y los chilesverdes y el moledeolla (así junto), también de los frijolitos, sólo que esos tardaban más en porque los ofrecías cuando uno ya estaba satisfecho. Se nos olvidaba que tú también comprabas las cosas y tenías gastos y consumías luz, agua y gas. Pensábamos que el pollero te llevaba a regalar las pechugas. El verbo disfrutar cobraba sentido cuando te veíamos comer; ahora el verbo doler se siente en el tuétano al no verte.

Abuela, aunque algunas veces no querías parecerlo eras una liberal y progresista. Una mujer práctica de decisiones determinantes. Tan determinantes que decidiste tu muerte. Abuela viajera, pata de perro, incansable. Siempre fuiste joven abuela, por eso nunca nos imaginamos un mundo en el que no estuvieras. Nunca lo consideramos a pesar de que ya te enfermabas seguido ¿Desde cuándo empezó tu agonía? Tú eres la representación de aquel dicho “que lo bailado nadie te lo quita”; lo ganado en las cartas tampoco.

Abuela cariñosa, me quedo el momento cuando te levantaste y pediste la silla de ruedas, yo entraba a tu cuarto, con esfuerzo me reconociste y me sonreíste. Me agaché para saludarte, tú tomaste mi cara y dijiste algo así como: “Mira qué guapo, mi vida” me besaste fuerte la mejilla. No puedo evitar las lágrimas al darme cuenta que no voy a volver a sentir tus manos.

Tengo una pésima memoria y tengo miedo que con el tiempo tus gestos, tus expresiones se me vayan borrando de la mente y llegue el punto en que no sepa si te estoy recordando o imaginando. Pero tus manos no las voy a olvidar. Recuerdo cómo se transparentaban tus venas y tus dedos chuecos y recuerdo la posición de tus arrugas. Tus manos casi nunca estaban frías. Parece que las veo ahora recargadas en el brazo del sillón de la sala de televisión. En tu mano izquierda el control remoto; la derecha reposando y mientras comentabas: “ésa novela está muy fea, yo casi ni la veo, ése viejo me cae regordo, ¿tú la ves?, si quieres cámbiale”

Abuela amor, a tu modo y en tus formas. Siempre nos diste amor, con abrazos, chistes, apodos, con comida, hasta con pellizcos juguetones de vez en cuando. Materialmente me quedo con tu amor escrito en  tus libros, con su olor a viejo, con hojas amarillentas y cada que lea uno, imaginaré el momento en el que tus manos lo tomaron y tus ojos recorrieron sus páginas.

No es tu muerte lo que lloramos, es tu ausencia. Tu muerte la lloramos desde una semana antes, en tu casa. Tú lloraste tu muerte y desafiaste a dios negándole tu vida. Hemos perdido una casa, un alivio. Me gustaría decirte “que dios te bendiga” “nos veremos en la eternidad” y ese tipo de paliativos espirituales, sin embargo el hecho es que te extraño y no habrá regreso.

P.d.

Ante tal hecho, te sigo queriendo con toda la fuerza de mi corazón y eso no cambiará mientras yo sea yo (tu nieto Ricardo Lara)

Epitafios:

- Aquí no yace el pilar; Yace la casa-

- Te decimos adiós con mucho cariño a ti y a las buenas cenas navideñas –

- Aquí no yace, seguro anda de pata de perro-


- Aquí yace aburrida porque no se llevó sus cartas ni su tejido –

Comentarios

Unknown dijo…
Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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