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También a mí



También son mis muertos, también a mí me mataron. 
Es mi sangre la que manchó el Conjunto Habitacional, la que salpicó a Santiago, la misma que se filtró por la tierra hasta las entrañas de Huitzilopochtli. Son mis hijos arrebatados, mis padres que no llegaron a ser, mis amores destruidos, mi corazón extinguido. También son mis gritos los que aún resuenan en las paredes y mis banderas agitándose y mis utopías asesinadas y mis cabellos largos enredados. También es mi dolor, mi angustia, mi pavor. No sólo fue a ellos, también a mí me azotaron los romanos de guantes blancos; también es mi viacrucis y mi redención. Aunque me pasan los años por encima y me rebasan y crezco y me vendo y descreo: jamás olvido. 

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